Partidos, partidas y bandas

El latrocinio generalizado perpetrado en España y la ausencia total de castigos ante este, nos hace preguntarnos si estamos controlados por partidos, partidas o bandas políticas.

 Es posible que sea un tópico, pero queda sobradamente constatado —que diría un edicto judicial— que el latrocinio existe y ha existido hasta esquilmar completamente el Erario y multiplicar los impuestos de los ciudadanos de a pie —los ricos están exentos—, que la impunidad legal de los políticos es absoluta, tardándose en muchos casos decenios en resolverse casos… menores, y que la cosa, lejos de amainar, continua en su línea, protegiéndose a los cacos políticos pillados in fraganti por los partidistas y partidarios como en una Omertá, arguyendo excusas propias de subnormales dirigidas a subnormales.

Si se desea terminar con el latrocinio que ha conducido y conduce a la práctica e inexorable desaparición de España como país, ni valen ya medias tintas ni sirven los paños calientes como el lenguaje políticamente correcto. Debemos llamar a las cosas por su nombre, aun cuando desde el punto de vista legal se tomen las cautelas propias, que parecen orientadas a una dilatación incomprensible de los procesos que, curiosamente, suelen terminar en un más o menos “aquí no pasa nada y pelillos a la mar”.

Naturalmente que quienes rodeaban a los imputados detectados hasta el momento, sean adláteres o principales de la Casa Real, del PP, de CiU, del PSOE y de todos los demás partidos o partidas que estaban en el ajo, sabían qué estaba pasando y qué estaban haciendo y, en consecuencia, son corresponsables de los delitos… cuando menos.

Si por dejación de funciones los que no perpetraron el daño no lo delataron a la Fiscalía y aun a la Policía, sólo significa colaboración para cometer el dolor, además de, por supuesto, infringir el juramento que les obligaba y obliga a cumplir y hacer cumplir las leyes. Salvo que sean parte del partido, partida o banda. Tal parece ser su organización.

Venir ahora con cuentos de hadas de “ya no está en el partido”, “vamos a devolver el dinero (sustraído)” o mandangas por el estilo, únicamente pueden satisfacer a los muy tontos.

Si todos estos partidos, partidas y bandas devolvieran lo que se han apropiado ilícitamente, saqueado, trapicheado o directamente chorizado, llevándoselo enseguida a Suiza o a cualquier paraíso de bucaneros tal y como les corresponde a los patriotas que son, España tendría dineros para dar y tomar, no habría crisis alguna ni desempleo de ninguna clase, y hasta tendríamos el tejido industrial que garantizaría el empleo que los liquidadores del Estado han esquilmado desde el principio de los años ochenta para acá.

Nada de mentiras, pues, y que los juzgados arremetan sin contemplaciones contra todos estos partidos, partidas y bandas, aplicando la ley en su más rígida absolutidad. Empezando por Hacienda, y que se deje de joder a los pequeños empresarios o autónomos y se centren en lo que de verdad interesa: que los políticos y sus testaferros, parientes y amiguetes demuestren que tienen ingresos para justificar sus niveles de vida y sus haberes y propiedades.

Ejemplarizar, después de todo, es una de las encomiendas más importantes de la ley penal. Y sin olvidarse de investigar de oficio en todos los paraísos fiscales sobre quién tiene qué, aunque sea pagando indecorosas cantidades de prima a los “chivatos” para meterle el diente a esta peña de golfos, en vez de encarcelarlos cuando alguno tiene en sus manos listas de evasores con centenas de bucaneros que tienen en esos paraísos miles y miles de millones de euros que ni siquiera son suyos, sino fruto de su latrocinio.

Que se use la inteligencia y los recursos para algo positivo: el mundo está lleno de traidores y se pueden obtener importantes ventajas con ellos contra el expolio político organizado. La trampa se puede combatir usando a los tramposos: cuestión de dineros, y todos ellos venderían a su madre por librarse de una condena. Aprovéchese.

Recién regreso de un viaje de negocios por esos mundos de Dios, y, francamente, la imagen de ser español está no a la baja, sino de saldo y risa. Sin ningún miramiento se ríen de nosotros en las televisiones públicas y hasta algunos presentadores hablan de partidos o partidas políticas, refiriéndose con esto último a un símil de aquellas de bandoleros en plan el Tempranillo y los Siete Niños de Écija y tal. Una especie de bandas organizadas para perpetrar daños inconmensurables, todos con guantes blancos y elegidos por sufragio, eso sí.

El gran negocio de los pillos contemporáneos: la política. Y, luego, contraponen a las noticias de choriceo que nos embargan día y noche los mensajes desquiciados de los dirigentes o los ministros y, entonces, ya es el cachondeo generalizado. Uno, que comprende esto porque sabe que así está la cosa, no por ello deja de sentir una profunda rabia, un poco como si fuera rehén no sé si de las circunstancias o de estos personajes peligrosísimos que, además de a uno, ha secuestrado la democracia y las leyes, y, con ellas, a toda la ciudadanía, convirtiéndonos en esclavos impositivos.

Es la hora de decir basta y de exigir que las leyes se apliquen sin contemplaciones, que se persiga hasta sus últimas consecuencias a los ladrones políticos más allá de las meras palabras, y que la aplicación de la ley, además de ser punitiva con el propio delito, sea ejemplarizante: que se les expropie la totalidad de los bienes y haberes a quienes han delinquido —y a sus testaferros y/o parientes—, que se les acuse de alta traición por servirse de su puesto para perpetrar el daño, y que se les apliquen condenas que adviertan a los que pudieran sentir semejantes tentaciones, de que el que la hace, la paga.

Hasta el último céntimo de lo que han dilapidado, robado o sisado, debe ser devuelto, incluidos los costos de tanta macroobra inútil como las que asaetean España de punta a término, y, si no pudieren hacer frente a esta devolución, que trabajen en un penal hasta que lo hagan con el último céntimo. Lo que es justo, es justo. ¡Y con los intereses pertinentes!.

En España sobran partidos, especialmente los corruptos que son buena parte de los existentes, pero desde luego sobran las partidas y sobran las bandas políticas. Si no lo son o lo fueren, que pongan pruebas fehacientes los políticos en activo sobre sus compañeros corruptos, que los hay a paletadas en todos ellos, y, de no hacerlo, que se les considere cómplices, que es lo que son.

Eso de que “ya no está en el partido” o que “ha dimitido” o que “se ha integrado a la vida laboral” —con toda seguridad valiéndose de la información acumulada para ponerla al servicio de intereses privados, y después de haber hecho lo que han hecho a favor de sus contratantes—, debe terminar de una vez para siempre. Es imperativo.

No valen las excusas de tontos para tontos: todos sabemos de qué va la cosa, y jueces y fiscales deberían lo saben también y deben actuar con diligencia y radicalidad. La única forma que tenemos de salir de esto fortalecidos, es regenerando España. Y si hay que reinventarla, reinventémosla. ¡Basta de partidas y de bandas políticas!

Fuente:  Ángel Ruiz Cediel para http://www.diariosigloxxi.com

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