La izquierda y su fe reverencial en las instituciones del Sistema

Vicent Teulera

 

El Parlamento y su “que sí, que no, que caiga un chaparrón”

Que no, que no. El PP tenía muy claro a lo largo del día de ayer que iba a usar sus votos para que una Iniciativa Legislativa Popular avalada por casi millón y medio de firmas, ni siquera fuera admitida a trámite en el Parlamento. Mejor cortar pronto por lo sano, que si no luego hay que andar debatiéndolo ante las cámaras, la oposición saca tajada, y tumbar la propuesta sale más ruidoso y menos rentable. Eso sí, el partido que gobierna en este turno, se tomó la molestia de sentarse por la mañana ante los medios de comunicación en una bonita sala del edificio, junto con las caras visibles de la inciativa ciudadana, para asegurar a todos que, aunque su intención era votar que “no”, agradecían mucho los esfuerzos. Y que en homenaje a tanta energía desperdiciada le iban a dar el mismo nombre de la ILP a una ley de las suyas que están tramitando, y cuyo contenido no tiene nada que ver. Unos cachondos.

Tanto trabajo tienen los asesores de imagen del PP estos días que no habían calculado bien el impacto mediático de su previsto portazo en las narices. Hasta tres suicidios de desahuciados han llegado a coincidir con el debate parlamentario. Así que han rebobinado a toda prisa y se han tenido que tragar el sapo. Total, ya se echará para atrás cuando toque, y así hay más tiempo para cocinar a la opinión pública.

Por su parte los otros partidos, que no arriesgan nada, se pueden permitir el lujo de aprovechar y jugar a ser adalides de las inquietudes del pueblo. Lo hacen con mucha gracia. Hasta ese otro partido que hace un año gobernaba y tampoco dejaba que se hablara de estas cosas en el Parlamento. Ay, lo que hace estar en el sobre, digo en el poder. Sería curioso ver qué hacían con la patata caliente esas otras formaciones de tener parte en la gobernación… Y esto vale también para los partidos minoritarios, de discursos algo más radicales. Porque habría que ver qué pronto se iba a evaporar ese cierto radicalismo si empezaran a ser no tan minoritarios. La pela es la pela, y el voto es el voto, que viene a ser lo mismo además.

Pero lo lamentable de todo esto no es el circo que un día más se escenifica en la carrera de San Jerónimo. Lo que fastidia, y mucho, es que la izquierda en pleno le tiene fe religiosa, reverencial, a estas instituciones. Por el facebook se distribuía a lo largo del día de ayer una frase de Ada Colau, la portavoz “oficial” de la plataforma antidesahucios, en la que decía que si sus señorías los políticos no aprobaban esta ILP, pues como que quedaba claro que “no hay democracia”. ¡Qué me estás contando! Como si desde 1975 hasta ahora, los legisladores y gobernantes que han ido chupando del tarro de forma sucesiva, hubieran hecho algo que no fuera servir su propio interés y el de quienes les pagan. Y bueno, al final se ha admitido a trámite. O sea, que esto es una democracia. Menos mal.

Un tipo muy denostado y dado a crear palabros, decía que las fuerzas de izquierda se han vuelto estatólatras. Pues sí, y hasta parlamentólatras cabría añadir. ¿Qué dicen la tal Ada Colau, Sabino Cuadra o Cayo Lara, que no digan a diario miles de personas? La única diferencia es que ellos lo dicen con micrófono en el parlamento, y los demás lo dicen en tertulias, en artículos, en manifestaciones, en asambleas, en sucursales bancarias o a gritos en algún pleno municipal… Y de hecho hay quienes lo dicen todavía más alto y más claro, y no se andan con tanto ciudadanismo. ¿A qué esa mitomanía con las personas y los lugares?

¿Y cual es la ganancia de decirlo en el parlamento? Lo sabíamos ya de sobra, pero desde los wikileaks, gürtel, bárcenas y demás ¿queda alguien que no se haya enterado de que la clase política institucional está a sueldo de las mafias? Es como si estuviéramos gobernados por una entente de la camorra napolitana, el cártel de los zetas y la mafia rusa. Y en algunos casos, sin metáfora de por medio. ¿Qué tienen que hacer los políticos para que dejemos de ir a darles importancia a sus torres de marfil y sigamos haciendo crecer su poder ilegítimo? ¿Entrar a nuestras casas en persona y violar a nuestros hijos? Sinceramente, no veo diferencia en que alguien vaya al parlamento a decir a sus corruptas señorías que los bancos (o sea, quienes les pagan) son unos auténticos hijos de la gran mierda y a pedirles que hagan algo para mejorar las cosas, a que yo baje a mi calle y le explique lo mismo al camello de la esquina. La consecuencia va a ser exactamente la misma.

 

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