Rafael Vera denuncia que Garzón cobró 12.000 € al mes en dinero negro procedente del Ministerio de Defensa

Dice también que los jueces de la AN, todos los meses se repartían dinero negro procedente de Interior.

Las memorias de Alfonso Guerra están abriendo algunas cajas de truenos. Aunque los aludidos -verbibracia Garzón, y como siempre pasa en estos casos- lo niegan todo, la sombra de la sospecha queda bien nítida. Interesante ver cómo el ex vicepresidente del gobierno felipista, y otros compañeros de Garzón en su aventura pesoera, véase Rafael Vera, le acusan de exigir cobrar en negro para evadir impuestos. En un sistema en el que prácticamentde todo el mundo cobra en negro a cambio de favores (véase el caso Bárcenas) no es difícil en absoluto que la acusación sea cierta. Más viendo la trayectoria de este juez hipócrita, que se viste con la piel de cordero de defensor de los derechos humanos, al tiempo que cierra los ojos a cuanta tortura policial pasa por delante de su mesa y se salta a la torera los más elementales derechos de sus detenidos. Muy interesantes también las declaraciones de Vera acerca de que mensualmente el Ministerio del Interior libraba una importante cantidad económica en negro para que se la repartieran los jueces de la Audiencia Nacional. Esto, de ser cierto, explica, muchas, pero que muchas cosas. Nota de Tortuga.

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Vera sostiene que Garzón cobró en B de Defensa y de Interior 12.000 euros al mes para gastos

El exsecretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera, coincide con la afirmación de Alfonso Guerra en el programa El Gato al Agua, de Intereconomía.

Vera sostiene que Garzón exigió al PSOE que le pagasen los emolumentos que iba a perder como juez en dinero B a través del partido.

Como esto era “imposible”, ha contado Vera, se le pagó con fondos reservados del Ministerio de Defensa.

Además, asegura el exsecretario, durante su etapa como juez cobraba 12.000 euros del Ministerio del Interior por gastos derivados de la Audiencia Nacional.

El ex secretario de Estado para la Seguridad Rafael Vera ha asegurado que Baltasar Garzón cobró en B del Ministerio de Defensa cuando se pasó a la política y que durante su etapa como juez recibió dos millones de pesetas (12.000 euros) al mes de los fondos reservados del Ministerio del Interior para “gastos propios y de seguridad”.

No puedo desmentir al señor Guerra porque lo que escribe ahí es cierto En declaraciones efectuadas en la noche del martes en el programa El Gato al Agua, de Intereconomía, Vera ha confirmado lo asegurado por el exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra en su libro de memorias de que Garzón exigió al PSOE cobrar en negro cuando fue fichado por los socialistas como candidato en 1993. “No puedo desmentir al señor Guerra porque lo que escribe ahí es cierto. Garzón, cuando pidió la excedencia en la Audiencia Nacional para pasar a la vida política, pidió al Partido Socialista que le pagasen los emolumentos que iba a perder como juez, que se los pagasen a través del partido. El partido dijo que estaba de acuerdo pero cuando llegó la hora de pagarlos él exigió que se pagase en B aquel dinero”, ha dicho Vera.

Según el ex secretario de Estado para la Seguridad entre los años 1986 y 1994 “entonces el partido no podía pagar en B aquel dinero porque aquellas cuentas estaban controladas y era imposible”. “Creo recordar que aquello lo sustituyó desde la presidencia del Gobierno con fondos reservados del Ministerio de Defensa”, ha dicho Vera, quien añadió que desde Interior “no estábamos dispuestos a pagarlos”.

Según el ex secretario de Estado para la Seguridad, además del sueldo en negro, a Garzón “le pagaron el alquiler de un pequeño local que le habilitaron para aquel mes y pico de seguimiento de la campaña electoral y el tiempo previo que estuvo” antes de resultar elegido.

Gastos para la seguridad

Al hilo de este asunto, Vera recordó en el citado programa televisivo que cuando Garzón estaba de juez en la Audiencia Nacional desde el Ministerio del Interior, en concreto desde la Secretaría de Estado para la Seguridad, se le dio una cantidad mensual de dinero de los fondos reservados.

“Nosotros no controlábamos cómo se distribuía ese dinero” asegura Vera Según Vera, su secretario particular “facilitaba todos los meses 2.000.000 de pesetas al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón para gastos derivados de lo que él consideraba que tenía relación con su actividad allí y la seguridad en general de los jueces y fiscales de la Audiencia Nacional”.

“Nosotros no controlábamos cómo se distribuía ese dinero”, ha asegurado el que fue número dos de Interior durante la mayor parte del Gobierno socialista de Felipe González.

A la pregunta de si era normal que un juez acudiese a Interior para pedir dinero de los fondos reservados, Vera ha explicado que en aquellos tiempos “la situación era muy difícil” y la Audiencia Nacional “pasaba por una amenaza notable y todos sus miembros, jueces y fiscales, estaban amenazados por el terrorismo de ETA”.

“Les facilitamos las medidas de seguridad adecuadas, con vehículos blindados, adecuando sus domicilios con cristales blindados, puertas blindadas, protegiéndolos con guardias civiles y policías, pero aparte de eso nosotros también les facilitamos dinero para lo que ellos consideraban que eran gastos propios de su actividad y que no se los facilitaba el Ministerio de Justicia”, ha asegurado Vera.

20 Minutos


Alfonso Guerra y Baltasar Garzón, dos truhanes frente a frente

Máximo Relti – Canarias-semanal.org

En sus memorias, Guerra acusa al ex juez “estrella” de reclamarle al PSOE que le pagaran en dinero negro por sus servicios.

Durante los últimos 35 años este ha sido un país de fantasía, un país de mitos construidos ad hoc. A lo largo de tres largas décadas en España se montó un escenario mitológico, con personajes mitológicos y una historia también mitológica. Ha bastado que la crisis económica tumbara el telón para que la ficción quedara al descubierto. Y aunque faltan muchos aspectos todavía por desvelar sobre estos siete lustros de monarquía borbónica, en los tres o cuatro últimos años  parte de los personajes del sainete  han quedado en pelotas ante un público asombrado e incrédulo.

   Viene esta inicial reflexión a cuenta de las revelaciones que ha hecho en su tercer tomo de memorias quien fuera vicepresidente del gobierno socialdemócrata de Felipe González, Alfonso Guerra. Dice en su último libro el ex vicepresidente que, a  principios de la década de los 90, cuando Felipe González le ofreció al ex juez Garzón una Secretaría de Estado para la ejecución del Plan Nacional sobre Drogas, el inmaculado “magistrado estrella” pidió al Ejecutivo socialdemócrata cobrar parte del salario correspondiente a su cargo en dinero negro. Ni que decir tiene que el escándalo ha sido mayúsculo, aunque en honor a la verdad hay que decir que parte de la prensa  afín a los sociatas  ha tratado de poner una discreta sordina al asunto. A quienes hemos seguido de cerca la trayectoria biográfica del ex magistrado, las revelaciones de Alfonso Guerra no nos han hecho crujir las entretelas. Sabíamos de sus  estrechas relaciones con el banquero Botín, del cierre arbitrario de periódicos en Euskadi, del acoso a la izquierda batalladora vasca que él, en connivencia con los servicios de inteligencia españoles, etiquetó como el  “entorno de ETA”; del  caso omiso que prestaba a las denuncias por torturas en las comisarías del País Vasco.

   Sabíamos también, a través de los testimonios de algunos de sus colegas magistrados, de su egocentrismo teatral y ambicioso.  Por eso, cuando ahora  Alfonso Guerra ha dicho lo que ha dicho, no hace más que constatar lo que ya otros habían contado.

UN CAMPO DE BATALLA MISERABLE, PERO EDIFICANTE  

En este fraudulento campo de batalla en el que se han convertido los grandes rotativos españoles se están librando auténticos combates iconoclastas y cainitas, en los que las distintas fracciones del régimen nacido de la monarquía borbónica tratan de destruir con sanguinolenta saña a su enemigo. Son cainitas porque la feroz pelea en la que están empeñados es una lucha entre hermanos. Son los mismos – o sus usufructuarios – que de común acuerdo concertaron durante la “transición”  la construcción del Estado que tenemos.

Fueron también ellos los que enfrascados en noches de insomnio, diseñaron la reglas fulleras que permitirían que siempre ganaran los mismos. Cierto que todavía no están todos en la primera línea del escenario. Pero ya van saliendo,  como en el caso  de esos representantes del sindicalismo amarillento que recibían suculentos créditos y salarios a cambio de obsequiosos favores a sus patrones los banqueros.

   No obstante, y contrariamente a lo que muchos puedan pensar, se trata de un espectáculo edificante. Miserable sí, pero también edificante. A través de  las verdades  arrojadizas  con las que tratan de herirse los contendientes,  los ciudadanos tenemos ahora a nuestro alcance la posibilidad de ir reconstruyendo la verdad histórica sobre  la miseria y la podredumbre  que han dominado todos los ámbitos de la vida política española durante los últimos decenios.

    Alfonso Guerra, que  ha sido una especie de  conciencia malvada de los socialdemócratas españoles, no tiene ni mucho menos  trigo limpio en sus alforjas. Durante sus años en el ejecutivo de Felipe González trató de transmitir la apariencia de ser una suerte de Largo Caballero colado por agua. Pero  la verdad es que su paso por la vicepresidencia no resultó un alivio para las decenas de miles de  afectados por la “reconversión industrial” ordenada por los grandes capitales europeos. Fueron aquellos barros de su época los que terminarían  conduciéndonos al infierno que hoy sufrimos. En su libro de memorias,  Alfonso Guerra no se ahorra críticas a Felipe González y a su corte de “aduladores”. Joaquín Almunia, Carlos Solchaga, José María Maravall, Joaquín Leguina, el periodista Javier Pradera, Manuel Chaves,  José Luis Rodríguez Zapatero, Elena Salgado, y una larga lista de sociatas  que jugaron un papel gubernamental en las diferentes  legislaturas socialdemócratas.   Hombre minucioso, intrigante  y trabajador, Guerra fue uno de los artífices  de las vetas más tramposas de la actual Constitución. A través de ellas consiguió diseñar lo que durante más de treinta años sería un estado bipartidista, donde las dos grandes organizaciones políticas, se turnarían en el gobierno, con la anuencia complaciente de lo que entonces se denominaba como “los poderes fácticos”: las altas finanzas, el ejército y la Iglesia. Ahora, en su iniciada senectud, en medio de la crisis política e institucional del Régimen que tanto ayudó a construir, Alfonso Guerra trata de eludir sus responsabilidades durante aquel oscuro periodo histórico de finales de los 80 y principios de los 90, en el que los casos  de Filesa, los Gal y los pelotazos económicos presidieron la acción del gobierno al que pertenecía.

   Pero ya es muy tarde.  En estas horas duras son pocos los que se fían de las justificaciones, de las transparencias palaciegas y de la donación de lujosos yates. Tiene uno la impresión de que la farsa ha llegado a su fin.

Tomado de Kaosenlared

Fuente: Grupotortuga.com

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