Sustentabilidad, paradigma de vida

por Marcelo Barros
 Sustentabilidad, paradigma de vida

Las personas y comunidades que asumen la misión de proteger la ecología no hacen esto solamente porque estén conscientes de que si continuamos por este camino del capitalismo devastador, la propia Humanidad perecerá. Esto es importante.

Hace pocos días (el 05 de junio) la ONU celebró el Día Mundial del Medio Ambiente. Los organismos internacionales, responsables por el cuidado del planeta y el aire que respiramos emitieron declaraciones poco optimistas sobre la realidad. Bajo el pretexto de no asustar a los ciudadanos, representantes de gobiernos poderosos censuraron algunos de los datos dados por el IPCC, el instituto internacional que vela sobre la situación de la Tierra. De esta forma, solo tuvimos acceso a informaciones incompletas sobre la relatoría. Por otro lado, no necesitamos leer documentos para saber lo que está sucediendo y como el sistema de vida en el planeta está amenazado.

Tifones en las Filipinas, terremotos en Chile, sequías en varias regiones, inundaciones en otras, todo esto con una cada vez mayor frecuencia y una intensidad nunca vista. Esta realidad habla más alto que cualquier documento . Cada vez crece más el número de científicos que afirman que la Tierra llegó a su límite. Los suelos se vuelven menos fértiles, los ríos y fuentes disminuyen y en varios continentes el agua se torna escasa. La biodiversidad está amenazada y varias especies de fauna y flora se extinguen cada día. No se logra eliminar del aire las sustancias más polucionantes. El estilo de crecimiento económico vigente destruye los bosques para aumentar el agronegocio y el lucro de los más ricos. Contaminan los ríos y matan la vida que todavía existe en esas aguas. Vuelven irrespirable el aire atmosférico y generan enfermedades respiratorias y alérgicas antes inexistentes. En los últimos diez años la riqueza se concentró en manos de cada vez menos personas. El 5% de la humanidad tiene una renta económica superior a la de más de cien países del mundo.

Aunque la mayor responsabilidad por la crisis ecológica y civilizatoria sea de los más ricos, todos nosotros, seres humanos, pagaremos la cuenta. Probablemente los pueblos más pobres sufrirán más fuertemente la venganza de la naturaleza agredida y amenazada, pero poco a poco la Humanidad entera recibirá la factura a pagar a consecuencia de las opciones hechas por los poderosos.

De acuerdo a lo poco que sabemos, la situación es grave pero no desesperada. Estamos en el último tiempo del partido, pero todavía podemos revertir la situación y salvar nuestro planeta. Gracias a Dios, en todo el mundo existe ya una verdadera red de organizaciones sociales y de iniciativas que proponen un nuevo camino a la Humanidad.

Las personas y comunidades que asumen la misión de proteger la ecología no hacen esto solamente porque estén conscientes de que si continuamos por este camino del capitalismo devastador, la propia Humanidad perecerá. Esto es importante. Sin embargo, más allá de ello, las personas y comunidades de varias tradiciones espirituales creen que la naturaleza es un don divino. Revela la presencia del Amor en el universo. Por lo tanto la naturaleza tiene una sacralidad por sí misma y merece ser respetada y cuidada por lo que es. No puede ser vista apenas como una mercancía al servicio del lucro humano. La Tierra no es una propiedad a ser comprada o vendida. Las plantas y animales no valen solo por el precio que se les da. No pueden ser vistos apenas por cuanto pesan. Aunque sea legítima la selección natural y el reciclaje en el tiempo, y unos seres se alimenten de otros  para vivir, nosotros tenemos la consciencia de formar una comunidad con todos los seres vivos.

La sustentabilidad existe cuando pensamos en el momento presente y también en el planeta que deberemos dejar de herencia a las generaciones futuras.

De acuerdo a varios estudios, lo más ancestral en el ser humano es el afecto y la sensibilidad.  Y así sabemos que hay un remedio para la crisis ecológica: recatar el corazón e incorporar a la racionalidad con la que tomamos nuestras decisiones y planeamos el futuro, una profunda sensibilidad afectiva. Sin esa sensibilidad la tecnociencia seguirá siendo utilitaria, fría y funcionalista. En cualquier religión la espiritualidad es el camino en el cual nuestra actividad y nuestro comportamiento encuentran su centralidad en la vida.

http://www.adital.com.br

Traducción: Miguel Guaglianone

*Monje benedictino, escritor y teólogo brasilero de la Liberación, fue ordenado sacerdote en 1969 por Dom Helder Camara.

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