El mundo desarrollado no seguirá por delante mucho tiempo

Matthew Lynn, El Economista

Crecimiento flojo, problemas estructurales, una losa para el crecimiento global… Podría ser la descripción de las grandes economías como EEUU, Europa o Japón, pero últimamente describe cada vez más a los mercados emergentes. Según la empresa de información financiera Markit, la divergencia entre las economías desarrolladas y emergentes, medida según el índice de actividad empresarial, ha alcanzado su máximo nivel desde 2005.

No sólo se ha ensanchado la brecha sino que también ha sufrido una reversión importante. Si históricamente los mercados emergentes iban por delante, ahora las posiciones han cambiado y el mundo desarrollado se expande más deprisa y a un ritmo más acelerado que las economías más jóvenes de Asia, África y Europa del este. Eso podría reflejar la situación de los últimos años pero no durará. Casi todo el mundo desarrollado está rebotando de unos niveles muy deprimidos, mientras que unas cuantas grandes economías emergentes atraviesan un bache. Los mercados emergentes volverán a destacar pronto.

Durante la mayor parte de los últimos treinta años, los inversores han seguido unas normas muy simples sobre la economía mundial y dónde invertir. El mundo desarrollado presentaba un crecimiento relativamente bajo pero lo compensaba con un alto grado de seguridad. Los emergentes ofrecían un crecimiento mucho mayor, aunque también menos estable. La elección era: crecimiento o estabilidad. Este año, eso se ha revertido. Los datos del PMI de Markit del mundo desarrollado se elevaron en mayo a sus niveles más altos desde febrero de 2011.

Desplome de confianza

Los emergentes, por el contrario, sufrieron un desplome en su confianza. La brecha entre ambos es ahora la mayor en nueve años y el mundo desarrollado es el que va por delante. Los días en que los BRIC, los Next-Eleven y los MINTS (México, Indonesia, Nigeria y Turquía) se preparaban para dominar la economía mundial parecen de otra época. El crecimiento se ha reducido drásticamente en todos esos países y las bolsas han rendido mal. Pongamos a Alemania y Polonia, por ejemplo, dos países muy cercanos y miembros de la UE. El índice DAX alemán ha duplicado con creces su valor desde 2009. El índice Warsaw polaco sólo creció un 50% en el mismo periodo y lleva estancado seis meses. Lo mismo ocurre con casi todos los mercados emergentes si los comparamos con sus vecinos desarrollados.

Hasta marzo, el índice MSCI de mercados emergentes había marchado por detrás del mundo desarrollado tres años seguidos. Lo fundamental es si es un dato pasajero o representa un cambio duradero. ¿Podrá el mundo desarrollado reafirmar su supremacía histórica? Hay varias razones para pensar que su superioridad puede durar un tiempo. Con Barack Obama, EEUU ha desistido de ser el vigilante policial del resto del mundo. Con razón o sin ella el resultado van a ser muchas más guerras pequeñas y desagradables. Y eso inevitablemente salpica a los mercados.

Ya lo hemos visto en Ucrania y ahora en Irak. El mercado ruso cayó en picado por el conflicto en Ucrania y su economía empieza a contraerse. Irak no es un gran mercado pero su vecina Turquía se verá arrastrada por el caos en la región. Además de todo eso, muchos mercados emergentes se dan de bruces con problemas del mundo desarrollado. China tiene que conformarse con un crecimiento del 5% al 7%, en vez de más del 10%. Ningún país puede crecer a ese ritmo para siempre. Muchos de los que se clasifican como mercados emergentes (Taiwán y Corea del Sur), no están “emergiendo” realmente en ningún sentido de la palabra. En realidad, son economías desarrolladas y se enfrentan a los mismos retos que Europa y Norteamérica. Brasil, India y Rusia, se han visto alzados por el ascenso de los precios de las materias primas y el traslado de fábricas al extranjero pero no han hecho el trabajo duro de la reforma estructural para crear sus propias industrias.

Todos esos factores han reducido el crecimiento en lo que una vez fueron economías calientes. Y aun así, a medio plazo, los mercados emergentes se reafirmarán de nuevo. La razón es sencilla: las grandes tendencias siguen de su lado. A excepción de China, tienen una demografía mejor, con una mano de obra más joven y cada vez más formada. Tienen menos deudas y un sistema de bienestar más simple y barato, con menos normativas. Sus costes son menores y su tasa de ahorro mayor. Al final, todo eso se sumará en forma de un crecimiento más fuerte que el de las economías maduras, muy endeudadas, del mundo desarrollado.

De hecho, lo que ha ocurrido es que el mundo desarrollado se recupera de la grave depresión del año 2009, muy lentamente. Gran parte de la eurozona ha atravesado una depresión estilo años treinta y ahora está comenzando a salir de ella. Un repunte puede ser muy fuerte pero no equivale a crecimiento duradero en el tiempo. Para cualquiera, aparte de los operadores a corto plazo, los mercados se equivocan. La brecha entre los mercados desarrollados y emergentes se volverá a cerrar y, con el tiempo, los nuevos países en crecimiento tomarán de nuevo la delantera. Al inversor que se coloque en el lado bueno de esa operación le irá bien, aunque tendrá que ser paciente.

 

 

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