¿Por qué experimentamos dolor físico?

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El dolor físico, como una de las certezas más persistentes de la vida, también tiene su razón de ser.

El dolor es un proceso multifacético y complejo. La naturaleza ha hecho lo imposible para asegurar que los animales sientan dolor al grado que lo hacen; y no hay mejor camino para la evolución (y nuestros genes) que influenciar algunos comportamientos de preservación de la vida como es el sentimiento de dolor.

Científicos de todos los tiempos se han visto en apuros para lograr cuantificar el dolor, pero las escalas que se han realizado se han quedado cortas en los resultados, una investigación que continúa su camino al día de hoy. Al parecer la altamente compleja y subjetiva naturaleza del dolor no es mesurable.

En su expresión más sencilla, el dolor es un mecanismo de defensa evolucionada que alerta a animales de cualquier lesión, permitiéndoles proteger su cuerpo y no lastimarse con mayor gravedad. También es una manera eficiente para que un organismo responda rápidamente (o incluso salvajemente) ante alguna amenaza. Y este “reflejo de dolor” es una de las principales razones para que exista el dolor en primera instancia.

Cualquiera que haya puesto accidentalmente su mano sobre una estufa conoce bien de este reflejo: el impulso tan sobrecogedor y rápido de quitar la mano de allí. La reacción salva vidas y, en virtud de esto, se ha convertido en un potente rasgo genético que pasa de generación en generación.

Sin embargo, algunos biólogos se han preguntado por qué fue el reflejo de dolor el que evolucionó y no, por ejemplo, una “bandera roja”, es decir, algo que sin dolor alerte ante un posible peligro. “¿No pudo la naturaleza surgir con algo un poco más elegante y no tan incómodo?”

En su libro The Greatest Show on Earth: The Evidence for Evolution, el biólogo evolutivo Richard Dawkins propone que el dolor es la manera más efectiva de hacer que un animal entienda rápidamente la gravedad de una situación peligrosa y reaccione a la altura. De hecho, entre más agudo es el dolor, más fuerte el mensaje, advierte Dawkins, para quien un significante de “bandera roja” no funcionaría realmente, ya que un animal subestimaría incluso las más fatales situaciones de amenaza, mientras que el dolor físico es imposible de ignorar.

Esto se extiende a la vida humana. Estudios demuestran que personas con analgesia congénita tienen menor esperanza de vida. Nos guste o no, necesitamos el dolor.

Existen distintos tipos de dolor. El más común es el que se denomina dolor nociceptivo, que es típicamente el resultado de una lesión física (cuando te pegas, quemas, cortas, etcétera). Otra clasificación primaria es el dolor neuropático, causado por el daño a cualquier parte del sistema nervioso (choques eléctricos, agujas, etc.). También existe el interesante “dolor fantasma”, que es un dolor experimentado en cualquier parte del cuerpo que haya sido amputada, o de alguna parte del cuerpo que ya no transmita señales al cerebro. Aquí el cerebro produce la experiencia subjetiva del dolor.

El dolor, paradójicamente, nos salva la vida una y otra vez.

Fuente: pijamasurf

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