La revitalización que viene con el cambio

¿Cuál es el sentido de estas calamidades y desastres que se producen en este hermoso mundo?

A nuestro alrededor tienen lugar transformaciones, restauraciones, y renovaciones.

¿Cuál es el sentido de estas calamidades y desastres que se producen en este hermoso mundo? ¿Por qué la gente tiene que luchar contra las enfermedades y contra muchos otros problemas en sus vidas? ¿Cómo conciliar todo este cambio que acontece en el mundo entre calamidades y desastres? ¿Cómo puede Dios Todopoderoso permitirlo?

Vivimos en un mundo sorprendente sometido a constantes cambios. A nuestro alrededor tienen lugar transformaciones, restauraciones, y renovaciones. Las estaciones se suceden para provocar el rejuvenecimiento, los ciclos de vida de animales y plantas, del agua, así como los ciclos planetarios nos llevan de una situación a otra. Las masas de tierra se mueven en ciertas direcciones hasta unirse para formar nuevas tierras o montañas.

El cambio y la renovación son una realidad ineludible para todos los seres vivos. El mundo está en un flujo constante de estados que nos deja asombrados y fascinados, lo mismo que sucede en nuestras vidas sociales y también en las personales. Las sociedades se desarrollan, las naciones se transforman y los individuos sufren altibajos.

Hay momentos en que perdemos nuestro trabajo, momentos en los que nos convertimos en padres por primera vez o en las que fallece un ser querido. No hay una cadena que siga una línea recta de acontecimientos. Siempre hay altibajos en todo aquello que sucede en la línea del tiempo. Algunos de estos hechos nos pueden resultar desagradables. Hay desastres, calamidades y pestes que ocurren simultáneamente con otros sucesos aparentemente agradables y milagrosos en el mundo. Las muertes, separaciones o calamidades de la vida de las personas evocan simpatía y compasión en los demás.

¿Cuál es el sentido de estas calamidades y desastres que se producen en este hermoso mundo? ¿Por qué la gente tiene que luchar contra las enfermedades y contra muchos otros problemas en sus vidas? ¿Cómo conciliar todo este cambio que acontece en el mundo entre calamidades y desastres? ¿Cómo puede Dios Todopoderoso permitir el daño infligido a las personas y a otros seres vivos?

Para poder responder a estas preguntas tenemos que lograr una mejor comprensión de qué es lo que hace que algo sea bueno o malo. Casi todo el bien de este mundo viene con la existencia y casi todas sus cosas malas se asocian a la no existencia. La bondad, perfección y madurez requieren la existencia de muchas cualidades, y la existencia de dichas cualidades implica cambios. Una vida estable, sin cambios, no es una forma ideal de vida o de vivir. En una vida así, incluso los más grandes placeres se transformarán en un vacío absoluto. Si tenemos esto en cuenta, parece como si la existencia necesitase de calamidades, pues sólo tras las calamidades y los problemas pueden venir a la existencia las cosas buenas. El rejuvenecimiento es la llegada de buenos acontecimientos tras la marcha de la inexistencia.

Existen muchos ejemplos en la naturaleza que indican que la revitalización está inducida por el cambio. Tomemos como ejemplo los incendios forestales. Aunque los incendios forestales dañan el hábitat de muchos habitantes del bosque, tienen también muchas ventajas. Son beneficiosos para la biodiversidad. Después de un incendio, se desarrollan los diferentes hábitats en los claros del bosque. Esto crea un mosaico de nuevos hábitats que fomentan que nuevas especies puedan entrar en ese área. Además, pueden también mejorar la salud de un bosque mediante la eliminación de los árboles debilitados por insectos o enfermedades.1

Las tormentas pueden parecernos otro fenómeno natural destructivo, pero cuando se examinan de cerca, nos damos cuenta de que son esenciales para el bienestar de nuestro planeta. Hasta el 25% de las precipitaciones disponibles es proporcionado por las tormentas tropicales. Las tormentas cumplen una función crucial en el mantenimiento del equilibrio de la temperatura de la tierra, que es esencial para el bienestar de todos los seres vivos. Los huracanes actúan como aparatos de aire acondicionado terrestres. Mueven las masas de aire frío a los lugares donde la lluvia es necesaria.2 En resumen: todos estos sucesos tienen un propósito y una razón.

La vida humana, como participante natural y más inteligente de este mundo, muestra un patrón similar. Sufrimos dolor, aflicción, y la experiencia de muchos acontecimientos desagradables en nuestras vidas. Sin embargo, la mayoría de las veces, la verdadera naturaleza de estos hechos sólo se comprende cuando éstos ya han cesado. El choque posterior a los acontecimientos hace que nos demos cuenta de cosas que no veíamos antes o incluso durante el evento. La enfermedad nos ayuda a comprender nuestras debilidades y nos obliga a desarrollar estrategias más que a depender del mero poder.

Sólo a través de las calamidades pueden los seres humanos refinar sus capacidades y talentos y alcanzar las más altas virtudes. Las personas se dan cuenta de haberse desarrollado después de vivir tiempos de dificultades, no en los momentos de comodidad. En otras palabras, como decía William Frederick Halsy, Jr.: «No existen grandes personas en este mundo, sino grandes retos a los que la gente común se ve forzada a enfrentarse». Sólo ante estos desafíos las personas se ven obligadas a desarrollar nuevas soluciones. Si queremos avanzar, tenemos que cambiar, voluntaria o involuntariamente.

Estos ejemplos son sólo algunos de los innumerables acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. De hecho, todos los campos científicos dependen del estudio de estos cambios sorprendentes. El punto esencial de todos estos eventos es que el verdadero mal reside en el estado del no-cambio. Sólo por medio del cambio podemos obtener buenos resultados. La verdadera maldad está en la ociosidad, en el estancamiento y la inactividad.

El conocido dicho «no hay mal que por bien no venga», nos da a entender que existe un propósito en cada acontecimiento. Nada tiene sentido, pero como las personas son miopes, suelen tomar decisiones rápidas y llegar a conclusiones haciendo un mal uso de su racionalidad. Muchos de los acontecimientos que tienen lugar en el mundo requieren tiempo y conciencia para poder entenderlos. Hemos de tener una mirada más amplia y prudente de los hechos. Cada evento es maravilloso a su manera; es casi imposible encontrar algo sin sentido en este mundo.

Harun Emre Berk, doctor en economía, es un escritor independiente de EE.UU.
Notas
1. Para obtener más información véase, «Yellowstone’s Rebirth by Fire: Rising from the Ashes of the 1988 Wildfires» de Karen Wildung Reinhart, y «Fire Effects on Ecosystems» de Leonard F. DeBano, Daniel G. Neary y Peter F. Folliott.
2. «The Benefits of Hurricanes,» Revista «Time», 24 de septiembre de 1973.

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