Ayre: el proyecto de Urdangarín para el que Juan Carlos I consiguió 110 millones

La versión oficial defiende que la Casa Real siempre se mantuvo ajena a los negocios de Urdangarín, pero este caso demuestra que no es cierto.


Juan Carlos I y Urdangarín en dos imágenes de archivo | Efe

Cuando Iñaki Urdangarín declaró por primera vez en el juzgado de Palma del juez Castro en febrero de 2013, exculpó a la Casa Real de toda relación con sus distintos negocios y aseguró haber actuado a sus espaldas. Trató también de presentarse a sí mismo como una figura poco menos que decorativa en Nóos, sin embargo, ambas afirmaciones son falsas.

En primer lugar, es obvio el papel importante que Urdangarín tenía en la gestión y el día a día del Instituto Nóos, así como su papel a la hora de obtener ciertos contratos.

Respecto a lo segundo, el libro Urdangarín y la Copa América, publicado en formato electrónico por el ensayista Ricardo Grenville –un nombre que probablemente oculta un pseudónimo- desvela, a partir de documentos, declaraciones y correos electrónicos aportados en la propia investigación del juez Castro, que al menos en una ocasión la Casa Real no sólo se mantuvo al margen de un proyecto de Urdangarín –el desafío Ayre para la Copa América- sino que varios de sus miembros se involucraron activamente, en especial el por entonces todavía rey, Juan Carlos I, que habría conseguido un patrocinio de 110 millones del monarca de Arabia Saudí.

No obstante, hay que hacer algunas salvedades: el proyecto no llegó a ponerse en marcha al no celebrarse la XXXIII edición de la Copa América en Valencia en el formato habitual y, por tanto, no poder presentarse varios desafíos; esto significó que el citado patrocinio multimillonario no llegó a desembolsarse nunca.

Por otro lado, el desafío Ayre era un proyecto en el que Urdangarín se vio involucrado desde el principio, pero que era capitaneado por el experto regatista y empresario Pedro Perelló. Además, no era el típico proyecto-bluff con dudosa rentabilidad y cobrado a alguna administración pública a precio de oro que hasta entonces había sido habitual en Nóos: se trataba de un proyecto sólido desde el punto de vista empresarial y deportivo y que contaba con algunos de los profesionales más prestigiosos del mundo de la vela.

Finalmente, hasta donde se desprende de la investigación de Ricardo Grenville, no hubo nada ilegal en el desafío Ayre, ni tampoco conductas fuera de lo habitual en la Casa Real que, con un poco de buena voluntad, podrían entenderse como parte de la labor propia de un Rey: apoyar al deporte y las empresas españolas y convencer a inversores foráneos para que hiciesen lo propio con su dinero.

Sin embargo, Ayre deja al descubierto, como señala en repetidas ocasiones Grenville en su libro, la principal mentira de todo el caso Urdangarín: la Casa Real no siempre se mantuvo al margen de los proyectos empresariales de Urdangarín.

Después de Nóos

El proyecto Ayre se puso en marcha en el año 2007, cuando Urdangarín ya había dejado el Instituto Nóos por “recomendación” de Juan Carlos I. En ese momento estaba poniendo en marcha la Fundación Deporte, Cultura e Integración Social, trámites en los que recibía la ayuda y la asesoría del abogado del Rey, José Manuel Romero, conde de Fontao.

De hecho, en el sumario del caso Nóos hay varios correos en los que el duque de Palma le cuenta a Romero algunos de los trámites que ya han seguido y es el abogado de Juan Carlos I el que le comunica la inscripción de la fundación al propio Urdangarín: “Tengo la buena noticia de que se inscribió el 14 de febrero y que en la mañana de hoy ha salido la comunicación al Presidente de la Fundación”. Se trata, tal y como se refleja en Urdangarín y la Copa América, de un mensaje del 26 de febrero de 2007.

Pocos meses después, en junio de ese mismo año, se lanza con una reunión en Valencia un ambicioso equipo para participar en la XXXIII edición de la Copa América. Como una peculiaridad y con la idea de que así puede ser más sencillo captar ciertos patrocinios se pretende que dentro del proyecto haya un programa de actividades sociales y se piensa en Urdangarín y su fundación para ello.

Así, el duque de Palma participa en esa reunión fundacional del proyecto Ayre, y forma parte del primer organigrama del mismo “como presidente del Consejo Social”, en el que también están su socio Diego Torres como “responsable” de la misma área.

Toda la familia real

Al contrario de lo que podría pensarse, y de lo que probablemente fue el sentido de la mayor parte de los proyectos del Instituto Nóos, Iñaki Urdangarín no fue contratado por los creadores de Ayre como una forma de acercarse a la Familia Real. Hay una razón obvia para ello: la mayor parte de los personajes importantes del proyecto eran ya amigos de diversos miembros de la familia y muchos tenían acceso directo al Rey.

Así, el principal responsable de Ayre, Pedro Perelló, conocía Juan Carlos I precisamente por el mundo de la vela: habían competido juntos y participado en múltiples actos sociales relacionados con este deporte; además, era amigo ínitimo de la infanta Elena, que navegaba regularmente en su equipo; y también mantenía, obviamente, una relación de amistad con los duques de Palma.

Otros miembros destacados del organigrama eran Jorge Forteza, amigo personal de las infantas; Camilo José Cela Conde, amigo de Elena; Cris Gabarrón, relacionado con la reina Sofía; y varios deportistas o expertos del mundo de la vela que habían tratado con frecuencia con miembros de la Familia Real.

No es de extrañar, por tanto, que Urdangarín no fuese el único implicado en el proyecto: la infanta Cristina figuraba como “asesor deportivo” y su hermana Elena como “asesor cultural”. El entonces príncipe Felipe era también, en la segunda versión del organigrama de Ayre, Presidente de Honor del proyecto.

La implicación del Rey

Pero lo más importante fue la implicación de Juan Carlos I en el proyecto, que no sólo recibió su apoyo desde el punto de vista institucional sino que realizó gestiones concretas con empresas o con políticos.

Una de ellas es, por ejemplo, la que hizo con el presidente de la Generalitat –por entonces Francisco Camps– para que Ayre pudiese disponer de una de las bases de un equipo en la anterior Copa América.

La gestión del Rey se demuestra por un correo, que ya había salido a la luz, que el uno de octubre de 2007 Urdangarín manda, desde Washington, a su socio Diego Torres: “Tengo un mensaje de parte del Rey y es que le ha comentado a Cristina para que me lo diga, que le llamará Camps a Pedro –por Pedro Perelló- para comentarle el tema de la base del Prada y que en principio no habrá problema y que nos ayudarán a tenerla”. La gestión había sido tan positiva que era el político, Camps, el que llamaba al director de Ayre.

La implicación del monarca fue entusiástica, tal y como Ricardo Grenville demuestra aportando otro de los correos del sumario, en concreto uno que Urdangarín mandó a Torres en agosto del 2007: “Diego, hemos conseguido que el Rey se viera con Pedro –de nuevo Pedro Perelló- para presentarle el proyecto. La reunión fue muy bien y aparte de parecerle bien armado ha ofrecido toda su ayuda para encontrar su ayuda financiera“.

Es decir, que el Rey no solo aprobaba el proyecto, sino se comprometía a realizar gestiones y, más allá, a buscar apoyo financiero para la aventura, es decir, patrocinadores.

110 millones saudíes

Las gestiones del rey supusieron llamadas a varias grandes compañías españolas, pero finalmente el éxito llegó desde otro punto, además muy distante. El 12 de octubre de ese año Urdangarín mandaba otro correo a Ricardo Torres a altas horas de la noche y proponiéndole una reunión para el día siguiente, sábado.

Se trataba de un tema importante: “Diego, a ver si mañana hablamos un minuto porque es importante. S.M. me ha comentado un posible patrocinador importante y al irme el domingo –el duque de Palma vivía por entonces en Washington- quiero dejarlo en tus manos bien atado”.

Efectivamente, tal y como cuenta Ricardo Greenville en su libro, el patrocinio era muy importante; el rey Abdulá de Arabia Saudí iba a aportar 110 millones de euros, lo que suponía sufragar prácticamente todo el presupuesto del proyecto Ayre, que se había cifrado en 113 millones.

La negociación se venia desarrollando desde varios meses antes e incluso había supuesto un viaje sorpresa de Juan Carlos I en mitad de sus vacaciones de verano de 2007 para visitar en Marbella al príncipe Salman, hermano del ya fallecido rey Fahd.

Para terminar de cuadrar el círculo, lo más problable es que en las negociaciones interviniese también Corinna zu Sayn-Wittgestein, que siempre según la versión de Urdangarín y la Copa América, en aquel momento estaba negociando “un importante contrato venta de carros de combate” y, aunque el autor admite que se trata sólo de especulaciones, asegura que “todo apunta a que Corinna también fue clave en el logro de los 110 millones de euros de patrocinio”.

Fuente: Libertad digital

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