¿Sin alternativa a la economía de mercado?

x Mauricio Castro
Como aquella socialdemocracia convertida definitivamente en social-liberal. Ese es el programa de Podemos.

Así de contundente fue el líder de la alternativa electoral al bipartidarismo español vigente, en declaraciones recientes al The Wall Street Journal.

En un ataque de sinceridad que deberíamos agradecer, Pablo Iglesias afirmó que “no hay una verdadera alternativa a la economía de mercado”.

Una sentencia que da continuidad a un pensamiento constante en las diversas corrientes de pensamiento defensoras del sistema en vigor. Tal vez la más conocida y divulgada haya sido en las últimas décadas la del filósofo japonés Francis Fukuyama, pensador de la derecha neoliberal, en su best seller de finales de los años 80: “El fin de la historia”. Eran los tiempos de la caída del llamado campo socialista en el este de Europa. ¿Recuerdan?

Sin embargo, en realidad, el origen de ese pensamiento se remonta nada menos que al mayor filósofo del pensamiento burgués naciente, a caballo entre los siglos XVIII y XIX: Georg Wilhelm Friedrich Hegel, que lo formuló, inspirándose en la ascensión de las ideas de progreso traídas primero por la Revolución Francesa y después por la extensión del imperio napoleónico frente a un Antiguo Régimen en crisis. El genial filósofo idealista alemán afirmaba que la monarquía liberal y democrática traería el equilibrio final en que la civilización más avanzada, la europea y burguesa, alcanzaría el fin de la historia, bajo un Estado situado por encima de las clases y representativo de todas ellas.

Bebiendo de la inagotable fuente hegeliana, pero también rebasando su idealismo, otro alemám, Karl Marx, consiguió desmontar, con base en el rigor analítico y en la evidencia histórica, esa tesis del viejo Hegel, situando el Estado burgués y el modo de produción capitalista en los términos reales que les corresponden, como otro entre los diferentes que ya han existido en la historia de la humanidad, siempre al servicio de la clase dominante en cada modo de produción.

Como las anteriores, la concepción del mundo burguesa se caracteriza por la autoconsideración como la mejor, la definitiva y la única posible. Así como en el interior de las sociedades esclavistas nadie tenía dudas sobre su carácter universal y eterno, también el feudalismo se caracterizó por idéntica autoconsideración, hasta que uno y otro fueron rebasados por el desarrollo de sus contradiciones internas a través del desarollo histórico de las capacidades y necesidades humanas por encima de los corsés impuestos porlas relaciones sociales de cada época.

Una versión española y vulgarizada de la misma idea de Hegel y Fukuyama fue también formulada, como sabemos, por el presidente Felipe González: “Vivimos en el mejor de los mundos posibles”, afirmó el principal artífice de la incorporación del Estado español a un neoliberalismo cuyas consecuencias padecemos en toda su crudeza.

Sintomaticamente, Pablo Iglesias, el líder carismático que está encaucando a los indignados para el ámbito de la institucionalidad pro-sistema, también afirma ahora su compromiso con la concepción del mundo burguesa-capitalista que, como todas las anteriores, es considerada la única posible, universal y eterna, incluso en plena crisis terminal como la que vivimos.

La importáncia de esa afirmación no está en la curiosa equiparación con los dos antecedentes referidos: Fukuyama y González.
Lo verdaderamente relevante es el significado de esa lectura de la realidad política sobre la cual operan Pablo Iglesias y su nuevo partido: el capitalismo es insuperable y, por lo tanto, solo caben políticas compensatorias de sus intrínsecas desigualdades e injusticias. La redistribuición de la riqueza, los subsidios a los sectores excluidos y la “democratización” de un sistema de exploración inevitable.

Es esa, en el fondo, una abierta identificación con los restos de lo que históricamente fue la socialdemocracia. Un movimiento que a inicios del siglo XX aspiró a un progreso lineal que condujera al socialismo a través del desarrollo progresivo y mundial del propio capitalismo.
Que más tarde dejó atrás el objetivo socialista para conformarse con una razonable democratización y distribuición de la riqueza en el centro capitalista, en un espejismo que pareció real durante las décadas de Estado de Bienestar a cuyo fin ahora asistimos.

Con aquella socialdemocracia convertida definitivamente en social-liberal, los liderazgos neo-reformistas del movimiento indignado levantan el puño para reclamar el retorno a 2007, antes de la explosión de la actual crisis. Ese es el programa de Podemos y, en nuestro país -Galiza- de las candidaturas ciudadanistas que tan buenos resultados han obtenido en las recientes elecciones municipales.

No son relevantes las diversas dosis de buena voluntad u oportunismo que puedan alimentar esas iniciativas críticas de izquierda reformista. Lo relevante está en la declaración de parte que ahora Pablo Iglesias verbaliza con su frase: “No hay alternativa a la economía de mercado”.

Podemos y el llamado ciudadanismo, así como su referente griego, Syriza, asumen la concepción de vida burguesa y la imposibilidad material de quebrar la lógica mercantil-capitalista, hoy representada para nosotros, como galegos/as, por los poderes institucionalizados en la Unión Europea, en la OTAN, en la unión monetaria y en el Estado español.

Con esa limitación autoimpuesta, nada substancialmente diferente a la decadente barbarie capitalista podrá venir, como nunca vino, de la mao de quién no aspira a ser nada más que su conciencia crítica.

Texto completo en: http://www.lahaine.org/gal-cast-sem-alternativa-a

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