Nuevas evidencias confirman atrocidades cometidas por Israel en la guerra de 1967

Las atrocidades reconocidas por los soldados del régimen terrorista incluyen ejecuciones sumarias de prisioneros de guerra y de masacres de aldeanos inocentes.

 Este mes, un emprendedor cineasta israelí, Mor Loushi, está exhibiendo su nuevo documental ‘Voces censuradas’.

Fotograma de la película ‘Censored Voices’ muestra a un exsoldado israelí escuchando de nuevo una entrevista, censurada por el ejército después de la guerra de 1967. (Noise Film PR)

‘En la operación, tuvimos que limpiar la zona de sus habitantes. Se expulsaba a los aldeanos de sus pueblos y se convertían en refugiados, y no uno, ni dos, ni tres, sino una expulsión masiva. Y cuando ves que todo un pueblo es llevado como corderos al matadero sin resistencia, entiendes lo que es el Holocausto.’ Testimonio de un soldado israelí en el documental ‘Censored Voices’, dirigido por Mor Loushi (2015).

Tras la guerra de junio de 1967, el escritor israelí Amos Oz, entonces soldado de la reserva de las fuerzas armadas israelíes, revisó, junto con un amigo, varias entrevistas con soldados israelíes que participaron en la guerra y en las que se les preguntaba sobre las emociones que los combates habían provocado en ellos. Las entrevistas fueron publicadas como un libro titulado Conversaciones con soldados, más conocido por mi generación como el libro de “tiros y lamentos”.

El censor militar (una función que todavía existe hoy, ejercida recientemente por el actual ministro de cultura, Miri Regev) borró el 70 por ciento de las evidencias, ya que, en su opinión, podrían perjudicar la imagen internacional de Israel.

Este mes, un emprendedor cineasta israelí, Mor Loushi, está exhibiendo su nuevo documental, basado en la mayor parte de los materiales borrados. Las atrocidades reconocidas por los soldados incluyen expulsiones forzosas, como la citada más arriba, descripciones gráficas de ejecuciones sumarias de prisioneros de guerra y casos de masacres de aldeanos inocentes.

Repertorio del horror

Esta 48ª conmemoración de la guerra de 1967 ha coincidido con la 67ª conmemoración de la Nakba, la limpieza étnica de Palestina antes y después de la creación de Israel en 1948. Hay algo más que una relación simbólica. El repertorio del horror confesado por los soldados en la nueva película nos recuerda las atrocidades perpetradas hace 67 años en una escala mucho más grande, pero igualmente horrible.

Las atrocidades de 1948 fueron ignoradas por la comunidad internacional y durante mucho tiempo se negó la Nakba, mientras la memoria del Holocausto parecía ofrecer carta blanca a Israel para continuar la limpieza étnica de Palestina.

No es de extrañar, pues, que cuando el apetito territorial israelí fue satisfecho en 1967 con la ocupación de la totalidad de la Palestina histórica, así como de grandes territorios de Egipto y Siria, esta se lograra empleando similares operaciones de limpieza étnica como expulsiones y masacres.

Hubo una diferencia entre los dos capítulos de atrocidades cometidas en las dos guerras. En 1967, Israel estaba menos segura sobre la posible complacencia global, y estadounidense, respecto a la crueldad de sus métodos sobre el terreno y, por consiguiente, intentó ocultarlos de las miradas indiscretas. Sin embargo, el muro de secretismo que construyó Israel casi se rompe cuando el buque de la armada de EEUU ‘USS Liberty’ espió las comunicaciones entre las tropas en la Franja de Gaza el 8 de junio de 1967, revelando probablemente las ejecuciones sumarias de prisioneros de guerra egipcios y de civiles palestinos. El buque fue destruido ese mismo día por la fuerza aérea israelí.

Más tarde, las atrocidades fueron corroboradas por testigos y salieron a la palestra cuando se descubrieron fosas comunes en 1995 en el área de Al Arish, en el Sinaí, lo que provocó que las relaciones entre Egipto e Israel se volvieran tensas, tal como informó la CNN en aquel momento.

La cadena televisiva entrevistó, por primera vez, a familiares y supervivientes de estos crímenes de guerra, que recordaron las masacres de centenares de personas. La relación entre el ataque no provocado contra el ‘USS Liberty’ y el deseo de ocultar las masacres y las ejecuciones fue investigado a fondo por James Bamford en su libro Body of Secrets (2001).

Así, pues, las cintas recién publicadas corroboran atrocidades ya conocidas y relatadas por las propias víctimas (en este caso, incluyendo los 34 miembros de la tripulación del ‘USS Liberty’ que sobrevivieron al ataque). Todo esto se parece mucho a la forma en que los documentos israelíes desclasificados en los años 80 corroboraron la historia oral palestina y los testimonios de la Nakba.

Purificar a los agresores

En ambos casos, pasó un tiempo antes de que la versión de las víctimas fuera oída, después de haber sido dejada de lado por los intelectuales y los medios de comunicación occidentales como un producto de la imaginación oriental.

En la nueva película, los testigos israelíes no mencionan los nombres de los lugares ni las fechas, y tampoco sabemos quiénes eran las víctimas palestinas y egipcias. Eliminar los nombres y deshumanizar a las víctimas son dos caras de la misma moneda y, de esta forma, los nuevos y desgarradores testimonios son presentados con cautela como un acto que purifica a los agresores, en lugar de honrar a las víctimas.

Es otro caso de “tiros y lamentos”: el problema no es que una niña perdiera un ojo, una casa fuera demolida o un prisionero de guerra desarmado fuera ejecutado. El objetivo es limpiar el alma atormentada del victimario y no hay nada como una confesión para que todo se desvanezca.

Nombres y fechas, incluso seres humanos tan reales, requieren no solo reconocimiento, sino también rendición de cuentas. Pedir perdón no es suficiente en todos los casos, sobre todo cuando la lección no ha sido aprendida. Así, año tras año desde 1967, hasta las últimas semanas, los palestinos, con sus rostros y sus nombres, siguen siendo expulsados, encarcelados sin juicio y asesinados.

Realidad permanente

En este nuevo documental, da la impresión de que estos crímenes fueron el resultado inevitable de la guerra de junio de 1967. Pero, en realidad, los crímenes cometidos después de la guerra fueron mucho peores en todos los sentidos. Las atrocidades no fueron el resultado de la guerra, sino que formaron parte de los medios empleados por Israel para resolver la difícil situación que la nueva conquista territorial supuso para el estado judío: la incorporación de casi el mismo número de palestinos que había expulsado en 1948.

Después de la guerra, se añadieron otros medios para resolver este problema. El objetivo, el mismo de siempre: tener la mayor cantidad de territorio palestino posible con el menor número de palestinos posible en él. La nueva estrategia, tras la guerra, se basó en la lógica de que si no se puede expulsar a la gente, se la rodeará en las zonas en las que vive negándole toda salida o acceso fáciles al mundo que les rodea.

A partir de 1967, los palestinos que seguían en Palestina fueron encarcelados en pequeños enclaves rodeados de colonias judías, bases militares y áreas de exclusión que troceaban su geografía. En los territorios ocupados, Israel creó una red de controles que muchos líderes del Congreso Nacional Africano han considerado mucho peor que el peor momento del apartheid sudafricano. Los israelíes vendieron este método al mundo como una forma temporal y necesaria de mantener su dominio en los territorios “disputados”. Los medios “temporales” se han convertido en una forma de vida y una realidad permanente sobre el terreno, por lo que Israel buscó la legitimidad internacional a través de los Acuerdos de Oslo de 1993. Y casi lo consiguió.

Ahora, cuando conmemoramos el 48º aniversario de la guerra de 1967, deberíamos recordar que esto fue un capítulo más de la historia de desposesión, limpieza étnica y genocidio gradual de los palestinos.

El “proceso de paz” que comenzó hace más de dos décadas estuvo basado en el supuesto de que el “conflicto” empezó en 1967 y terminará con la retirada de Israel de Gaza y Cisjordania.

Pero, en realidad, el “conflicto” comenzó en 1948, si no antes, y la peor parte del mismo no fue la ocupación militar de 1967 de aquellas partes de Palestina que Israel no pudo controlar en 1948, sino, más bien, la impunidad que la comunidad internacional sigue otorgando a Israel para que continúe cometiendo estos crímenes.

Solo cabe esperar que quienes tienen poder para cambiar el mundo comprendan, como lo hizo el soldado citado al comienzo, que hay más de un holocausto y que todos, independientemente de su religión o nacionalidad, pueden ser víctimas o agresores en el mismo.

Trailer con subtítulos en inglés

The Electronic Intifada. Traducción: Javier Villate

Texto completo en: http://www.lahaine.org/nuevas-evidencias-confirman-atrocidades-cometidas

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